Diálogo de sordos, diálogo de mudos


¿Qué se puede esperar de una clase política a la que no le importamos? Una vergüenza de debate sin público, hecho como si nos hicieran un favor y sin preguntas. Suscribo totalmente este artículo de mi compañero y amigo Carmelo. Y como él, apunto: la culpa no es sólo de unos políticos sin preparación que se ofenden si les preguntan lo que no quieren o, directamente, se ríen de nosotros pese a que, entre todos, les pagamos el sueldo. La culpa también es de que a nosotros, ciudadanos, no nos importa que lo hagan, y de que nosotros, periodistas, tragamos con gusto lo que nos quieran escupir. Efectivamente, las comparaciones son odiosas: unos dan ejemplo en las Cortes mientras otros ni van. Y si van, es para leer el periódico o compran bragas.

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