Abr 30 2008
Cerrado por boda
Hola. No soy Borja, soy su blog. Ya hemos hablado en otras ocasiones. Él está fuera. Ha cogido las maletas y se ha ido, con su señora y la perra de ambos. Llevaban a cuestas dos grandes maletas, un par de mochilas y algunas cosas más. Entre ellas, un montón de billetes de avión. Llevaban año y medio planeando esto, y por fin ha llegado el momento: se casan. Será en Valencia, la tierra que vio nacer a ambos, este sábado.
Sé que vuelven de aquí veinte días, y que en cuanto regresen, comenzarán la mudanza. Dejarán el piso de 45 metros cuadrados en el que llevan viviendo juntos un par de años para irse a otro más grande, por el que se han hipotecado hasta las pestañas y por una cantidad de años que es el doble de lo que ellos llevan sobre la Tierra. Qué insensatos.
Antes de irse, ha dejado un mapa para que os lo enseñe cuando se vaya… para que os muráis de envidia por el viaje que van a hacer, me ha dicho sonriendo.
Muérete de envidia más aún con un mapa más grande
Así que, bueno, yo seguiré por aquí aunque Borja no esté, por si queréis hacerme compañía. Serán un par de semanas de mucho silencio y mucha tranquilidad, pero a mí también me vendrán bien unas vacaciones después del ajetreo al que me somete. Me ha comentado que no actualizará, que al lugar donde va (al sur de África) no hay internet. No sé qué de sabana ha dicho, no le he entendido bien. Su señora se lo agradecerá, desde luego.
El viaje, en detalle es así:
- Madrid. Aquí empieza el viaje. El miércoles por la tarde, con la maleta en la mano y nuestra perra Duna en la maleta, ponemos rumbo a nuestra Valencia natal. Dos días para ultimar preparativos y listos para la boda. Por cierto, ahora que ya sabéis dónde está nuestra casa, tendremos que mudarnos… y lo haremos en cuanto volvamos del viaje.
- Valencia, la boda. El sábado por la tarde, el gran día. En la Iglesia de Santa Catalina (sí, me caso por la iglesia, cosa de las tradiciones). De ahí, a cenar mirando al mar…
- Valencia, el banquete. Tras la ceremonia y las pertinentes fotografías en la Ciutat Vella, justo donde nos conocimos hace ahora casi ocho años, cenaremos con los nuestros mirando al mar. A la mañana siguiente, empieza el viaje…
- París. Sólo unas pocas horas, para despedirnos de Europa. Al anochecer, cogemos el gran vuelo: directos a Johanesburgo, Sudáfrica.
- Johannesburgo. Lunes por la mañana, llegada a la capital de Sudáfrica. Atravesar el continente negro de norte a sur son palabras mayores, aunque al hacerlo por la noche y tras la boda, imagino (y espero) que haremos todo el camino durmiendo. Sólo estaremos, una vez más, de paso: de avión a avión, destino: Zambia.
- Livingstone, supongo. Tres vuelos, casi un día entero volando… pero si todo sale bien hasta aquí, el lunes a la hora de comer estaremos por fin en las Cataratas Victoria, Zimbabwe, tras aterrizar en Livingstone, Zambia (creo que ahí está el aeropuerto, no estoy seguro). Dicen que son las más espectaculares del mundo, y sólo hay que echarle un vistazo desde el aire para ver que es así… lástima que, por el caudal del río, no podremos bañarnos en la piscina del diablo… Aquí pasaremos un par de días, luego haremos una ruta de unas cuantas horas en Jeep hasta nuestro siguiente destino: Botswana.
- Botswana: el África profunda. Dicen que éste es uno de los safaris más auténticos, más puros, que puedes hacer en África. Después de un largo viaje por tierra, estaremos cuatro días en el Parque nacional de Chobe, buscando y admirando animales, el paisaje… el lodge. No llegaremos a bajar hasta el Delta del Okawango, pero la aventura promete… Después, ruta contraria hasta las Cataratas Victoria para coger un avión…
- De vuelta a Johannesburgo. Según nos han contado, la capital de Sudáfrica es una ciudad sin ley: una de las más peligrosas del continente y, por extensión, del mundo entero. Por lo pronto, no tenemos intención de comprobarlo, así que haremos noche aquí, en un lugar seguro… Mañana, de nuevo a volar. El destino: las Islas Mauricio.
- Mauricio, el descanso de los guerreros. Nuestra última escala será Mauricio, una isla en medio de la nada, alejada de las rutas de los descubridores. Territorio disputado de habla francesa (aunque los galos sólo controlaron la isla durante un mes), ahora es un pequeño paraíso de clima envidiable. Tras conocer una pequeña parte de África, cuatro días de descanso en la costa este de Mauricio nos sentará bien. Desde aquí, vuelo directo a París.
- Vuelta a Europa por París. Ya habrá amanecido cuando lleguemos, pero tampoco ahora visitaremos la ciudad. Habrá más ocasiones, seguro. Ahora, de vuelta a Valencia. Es sábado, y a estas alturas llevaremos ya dos semanas casados, viajando por el mundo. Es hora de volver.
- Valencia, ciudad dormitorio. Llegaremos un sábado a mediodía… y el resto del día, para reponernos. El domingo, maletas en ristre y carretera hacia Madrid: hay que trabajar.
- Vuelta a ¿casa? De nuevo en casa. En la vieja casa. Termina un viaje, pero empieza otro: el de casados. Sin tiempo a descansar, llegaremos presumiblemente a la hora de cenar. El lunes, a las 6 de la mañana, suena el primer despertador de la casa. Y ahora, empieza la mudanza…
Ahora que no me ve os contaré un secreto: se le veía muy contento cuando se iba, convencidísimo de lo que iba a hacer, muy tranquilo e ilusionado. La verdad es que le deseo lo mejor, es un buen tipo. Pero claro, qué os voy a decir yo, si soy su blog…











