Vuelta a casa
Catorce días, varias hojas del pasaporte y siete vuelos internacionales para otros tantos países. La boda, para quien quiera saberlo, salió genial: mi señora, preciosa, y yo me lo pasé en grande. El viaje, pendiente de las fotos (ya os enseñaré algunas), con un desarrollo algo movido pero una experiencia, de veras, increíble.
Aunque hemos estado bastante aislados del mundo, gracias a la CNN y la BBC me he enterado de lo de Birmania y China, así como del atentado de ETA. Cumplí mi promesa de no acercarme a un ordenador (es complicado acceder a internet en mitad de Namibia -finalmente no pasamos por Zambia- o Botswana) hasta que el hotel en Mauricio decidió tentarme con conexión gratis, así que finalmente -con permiso de la jefa- eché un vistazo a los periódicos. Con todo, aún tengo que aterrizar.
Pero yo no sería yo si no tuviera cosas ‘periodísticas‘ que contar. Me quedo con Zimbabwe, la escala más ‘movida‘ del periplo: os dejo una captura del documento de inmigración en el que dejaron bastante claro a qué me dedicaba. El tema es que uno es tonto y cuando, en los papeles de la aduana, te preguntan a qué te dedicas, no se me ocurrió otra cosa que decir la verdad. El documento en cuestión me lo dieron tras pasar un interrogatorio que fue más o menos así en un escenario francamente desagradable (quien conozca el aeropuerto de Victoria :
Funcionario de aduanas: ¿Sois periodistas?
Yo: Sí
FA: Ah… ¿Y vienes por trabajo?
Yo: No, qué va, venimos de vacaciones. De luna de miel, nos acabamos de casar.
FA: Ya. ¿Y dónde trabajas?
Yo: ¿Cómo?
FA: Que en qué trabajas, en política…
Yo: Ah, no, no… Ella [mi señora] trabaja en cultura y yo en gente.
FA: Ya. ¿Seguro?
Yo: Sí. Pero vamos, que tranquilo, que no estoy aquí para trabajar. Ella me lo ha prohibido [risas tensas]
FA: [Me mira de arriba abajo sin sonreír siquiera] Ya, bueno. ¿Y trabajas en un medio importante?
Yo: No, que va, en algo pequeño. Y en gente, ya sabes, cosas de espectáculos y eso.
FA: Coge esto. No lo pierdas o no saldrás del país [Me da un papel de aduana en el que, arriba, pone que soy periodista].
Me llamó la atención poderosamente tanta cautela fronteriza cuando después, en el hotel, la BBC daba todo trapo un docummental sobre cómo Mugabe tortura a los campesinos en los campos del interior del país. Es muestra de lo que pasa en un país con una inflación escandalosa, donde por no hacer bien, ni siquiera censuran bien.
Igualmente me llamó la atención lo que me aseguraron en Botswana: tanto daño está haciendo Mugabe a la economía de la zona (la situación está espantando a los turistas) que tanto este país como Sudáfrica están esperando a que estalle una guerra para intervenir en apoyo a los opositores. Mientras, en Zimbabwe, los guías al cruzarse nos preguntan “¿Venís a salvar el país?“. Ellos se ríen, nerviosos, preguntan mucho sobre cómo se habla de su país en Europa y se muestran preocupados. Pero descartan la guerra. Ojalá tengan razón.
Por cierto, una perla local: os dejo un escaneo de la portada de The Ngami Times, un diario editado en Maun (Botswana), que presume de ser el último periódico del siglo XX. Lo único que tiene color es la cabecera (verde) y la publicidad. El diario es bastante curioso, con una maquetación a años luz de lo que se hace en Europa. Y la web, mejor verla.


Ya sabía yo que tu eras paparazzi
Enhorabuena por la boda, la luna de miel, y todo lo que tiene que venir…
Un fuerte abrazo
En “La del Pirata Cojo”… Sabina debería añadir… “periodista en Zimbabwe”!!
Ya sabía yo que veníais a destrozar la buena economía de nuestro país y la imagen sin macula que de nosotros se tiene en el resto del mundo… te estaré vigilando.
El gran maestro de periodistas Bernardino M. Hernando nos recomendó en sus clases de la Complutense años atrás (demasiados) que nunca dijéramos que somos periodistas para viajar a NINGUNA parte del mundo, y mucho menos si queremos entrar a algún sitio para hacer nuestro trabajo.
Un saludo y enhorabuena (o el pésame, no estoy muy seguro) por la boda
[...] Vuelvo de Roma, limpio de costumbrismos paletos y pueblerinos -¡magnífica frase aquella que recomendaba a los nacionalistas viajar!-. Ciudad eterna que, pese a su suciedad, huele a libertad. Libertad que tiene que ir, cómo no, ligada a la anarquía que se transmite a la hora de coger el coche o cruzar la calle por el paso de peatones. Nada que ver, desde luego, con Zimbabwe. [...]
Para flipar con el tema de los dictadores africanos, échale un vistazo a “Payasos y monstruos” (El título lo dice todo) de Albert Sànchez Piñol (el de “La Pell freda”). Es un retrato de gente como Bokassa, Idi Amin, Mobutu… con un humor muy negro, je.