Ago 08 2008

Yo también quiero ser un periodista de tópicos

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Escribir sobre España es fácil. Hay una serie de términos que deben aparecer en el texto, inexorablemente: “olé“, “corrida“, “toros” y “guerra civil“, por ejemplo. Si a eso le añades una cita de Hemingway (referente necesario para todo observador extranjero), lo demás es coser y cantar. Se me ocurre, qué se yo, hablar de fútbol, economía, honor y sangre. Perfecto: ya tenemos artículo para publicar en cualquier medio, pongamos por ejemplo The International Herald Tribune.

Qué quieren que les diga: quizá la realidad de mi país sólo se me antoje compleja a mí, pero parece que a gran parte de esa elite de columnistas extranjeros que escriben sobre nuestro país no les parece tan difícil de explicar. A fin de cuentas, esa filosofía Jesulín de “la vida es como un toro es aplicable a cualquier cosa. Es el caso del artículo de Roger Cohen en el IHT de este jueves, apertura del bloque central de opinión del diario. El título ya nos pone sobre aviso: “Olé! This Spanish summer“. Para qué leer más, me dije. “No, hombre. Estás leyendo IHT. ¡IHT! Aquí los tópicos no existen. No te dejes engañar por el titular y lee, hombre, lee“. Maldita conciencia, en qué hora le hice caso, harto como estoy de firmas extranjeras en publicaciones de postín contando topicazos sobre un país que no conocen.

Pues bien: Cohen desglosa los éxitos de nuestro deporte (cita a Nadal, a Aragonés y Puyol, a Sastre y Contador) y los compara con la penosa situación económica. Hasta ahí bien, rebuscado, pero bien. Lo mejor viene después:

No sé si hay conexión entre ambos fenómenos. Quizá el marcado sentido del honor de España -Hemingway se refirió al honor como un asunto tan real para un español como “el agua, el vino o el aceite de oliva“- ha sido espoleado por la humillación económica hasta este desafío victorioso.

Olé, que diría el amigo. Pero ahí no termina todo. Cohen cuenta que un amigo le dijo una vez (tal cual) que los italianos “tienen el arte de la vida, y los españoles el arte de la muerte“. Aquí llegan las obligadas citas a la guerra civil (cuántos años nos costará pasar página) y a los toros. Todo, aderezado con una brillante argumentación: “en Italia, la vida se dedica al placer; en España nunca es así sin su parte de tragedia“. Ya se sabe, Roma es un “laberinto de maravillas” en contraste con “las amplias y rectas avenidas de Madrid“. Y sigue:

Fui a las corridas y encontré esta confrontación entre el hombre y la bestia avasalladora en su esplendor. Algo que sólo pude vislumbrar porque no entiendo de toreo -algo lo que los españoles llevan en su propia sangre- y que lo hace aún más turbador.

Qué quieren que les diga: voy a salir mi iPod, a ponerme mis sevillanas a todo volumen como buen gitano, cogeré mis banderillas y mi sombrero, saldré a la calle atormentado por mi pasado, buscando ese drama que me alimenta y, mientras disfruto de la corrida de toros habiendo rezado el rosario, pensaré en si mis vecinos franceses (altivos), italianos (ligones) o marroquíes (terroristas) tienen una vida tan obvia y tan fácilmente descriptible a los ojos de un extranjero.

Sólo se dejó la “paela” y a Almodóvar, el tío. Y dirán lo que quieran, pero Hemingway ha acabado por hacer mucho daño a este país.

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