Ago 11

El fantasma de la guerra vuelve a Europa

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En cierto modo, el estallido de la Unión Soviética y de las repúblicas balcánicas tienen mucho que ver: dos grandes países unidos y cohesionados mientras tuvieron poder, pero que se rompieron en mil pedazos cuando la decadencia llegó al imperio. El peligro de que una nueva guerra sacuda a Europa tal y como sucedió con el estallido nacionalista de los Balcanes, casi cerrado con la captura de Karadzic, se ha reavivado con el conflicto del Cáucaso, en esta ocasión entre Rusia y Georgia.

Y es que la antigua Unión Soviética es como un plato que se cayó al suelo hace unos 20 años y que se ha roto en un pedazo grande y centenares de esquirlas, afiladas y pequeñas como alfileres. Aquella superpotencia del pasado, construida sobre sueños de igualdad y mantenida sobre el miedo y la dictadura, se ha convertido en un constante bullir de tensiones territoriales entre repúblicas de apenas decenas de kilómetros que quieren independizarse del resto.

Si Stalin, el hombre que mantuvo compacta a la Unión Soviética a fuerza de deportaciones masivas, levantara la cabeza, vería el resultado de esa delirante escalada nacionalista en su propio pueblo natal. Gori, a unos cuarenta kilómetros al noroeste de la capital georgiana, fue pasto del fuego ruso. Era la respuesta del Kremlin a la intervención del Ejército de Tiblisi en la autoproclamada región de Osetia del Sur.

Más en mi artículo de Tinta Digital | Muy recomendable este artículo en Guerras Posmodernas.

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