Ago 28 2008
Arnaldo vuelve a casa
Arnaldo Otegi saldrá de prisión este fin de semana para volver a Euskadi tras un año y tres meses. Entonces pasó de llenar titulares al olvido, a que la prensa dijera que la nueva línea dura imperante en ETA le había desplazado como portavoz representativo. El mejor análisis de la caída de este líder abertzale, elevado a la categoría de interlocutor durante el proceso de paz, es la que hace José A. Pérez en su blog:
La política es como un libro de ‘Elige tu propia aventura’, donde una decisión te lleva a una u otra página de la historia. Si lo haces bien, matas al dragón. Si te equivocas, el dragón te sodomiza hasta reventarte las entrañas (…)
El bueno de Arnaldo se presentó a la opinión pública vasca como nuestro Gerry Adams particular, el tipo que iba a llevar a la izquierda abertzale a posiciones plenamente democráticas. Durante años, se le consideró una pieza clave para hacer realidad lo que los malos llaman la normalización democrática de Euskal Herria y los buenos llaman la desaparición total y definitiva de ETA.
Pero algo salió mal.
La encrucijada que marcó la vida política de Otegi tuvo lugar la mañana del 30 de diciembre de 2006. Horas antes de Nochevieja, una furgoneta cargada con 500 kilos de explosivo estalló en la terminal 4 del aeropuerto de Barajas. Otegi quizá lo sabía de antemano o quizá no. Lo que seguro que no imaginó, como probablemente tampoco imaginó ETA, es que morirían dos personas.
Aquella mañana humeante, con los cadáveres todavía esparcidos por el aparcamiento de la T4, todo el mundo esperaba las declaraciones de Otegi. Al bueno de Arnaldo le había llegado el momento que a todo político le llega tarde o temprano: el de La Decisión Crucial. Aquélla por la que serás juzgado durante el resto de tu carrera. Y él lo sabía.
- Si dices que Batasuna se desmarca del atentado y condena cualquier ejercicio de violencia por parte de ETA, pasa a la página 100.
- Si dices que este “acto” no produce ningún cambio significativo en el proceso de paz, pasa a la página 300.
Otegi eligió mal. Saltó a la página 300, con lo que perdió la confianza de ETA, del Parlamento Vasco y de la sociedad vasca. Resultó que Otegi no era Gerry Adams, y por eso mismo, por no tener los cojones de serlo cuando de verdad hacía falta, acabó sodomizado por el dragón.













