Sep 18

Nuevos aires en Israel, nuevas esperanzas para el mundo

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Este miércoles ha tenido lugar un hecho que puede cambiar nuestro futuro inmediato. No tiene que ver con la nueva debacle bursátil de Wall Street pese al despertar intervencionista del Ejecutivo hasta ahora liberal de Estados Unidos. Tiene que ver con que Tzipi Livni ha dado el primer y esperado paso para convertirse en la segunda mujer que gobierna en Israel después de Golda Meir.

El paso ha tenido lugar después de imponerse por una pequeña diferencia en las elecciones primarias celebradas en el Kadima, el partido gobernante, después de que el dimisionario Ehud Olmert abandonara. La victoria de Livni tiene una importancia crucial dado que tras ella, según aseguró el propio Olmert, el actual primer ministro abandonará el cargo, de modo que la elección de Livni le pone en un más que aventajado puesto para hacerse con el Gobierno.

¿Qué hay en esta ex agente del Mossad (servicio secreto israelí) de 50 años que pueda cambiar el mundo? Las diferencas que marca sobre sus predecesores. A la actual ministra de Exteriores israelí le precede un halo de eficiencia (que dista mucho con los escándalos de corrupción que han llevado a Olmert a retirarse) y de moderación (que dista mucho con el carácter del fundador del partido, Ariel Sharon, brazo ejecutor de las masacres de Sabra y Chatila). No en vano, como titular de Exteriores, fue la encargada de reconducir las conversaciones de paz con los palestinos después de la guerra civil entre Al Fatah y Hamas y, por tanto, una de las principales responsables del enfriamiento de una situación que hace poco tiempo amenazaba con desequilibrar Oriente Próximo.

Es odiosa cualquier comparación con Ehud Olmert, que llegó como moderado hasta el Kadima, ese experimento creado por Sharon tras salirse del Likud cuando el ultraconservador Benjamin Netanyahu comenzó a adelantarle por la derecha. Quién sino él ordenó la invasión de Líbano que hace apenas dos años conmovió a medio mundo.

Por no hablar de las primeras palabras de Ehud Barak cuando fue elegido como primer ministro, que invertiría “todos nuestros conocimientos para fortalecer el sistema defensivo y las Fuerzas de Defensa de Israel”. Y eso por no hablar de Moshé Katsav, otro dirigente israelí envuelto en unas oscuras acusaciones de abuso sexual.

Pero Livni es otra historia. Quién sabe qué nuevo y esperanzador futuro puede esperar a Oriente Próximo si el eje Washington-Jerusalén estuviera formado por ella y Obama. Quién sabe. Porque todo es posible en un país cuyos habitantes fueron víctimas y ahora ven a sus autoridades actuar como verdugos de Palestina. Porque todo es posible en un país que ha visto al asesino de Sabra y Chatila convertirse al centrismo. Por fortuna, con Livni, parece que sí, que todo vuelve a ser posible, aunque en un sentido totalmente diferente y esperanzador.

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Archivado en Política |

4 dicen que...

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