Oct 07 2008

No seamos idiotas


En menos de una semana han llegado a mis oídos tres rumores diferentes, de tres personas diferentes y todas apuntando en una dirección: que un gran banco o caja del país está a punto de quebrar. El primero que escuché, el Santander, el segundo, Bancaja y el tercero, la CAM. Quienes lo comentaron parecían muy seguras, como aquel rumor del perro y la mermelada que todo el mundo conocía de buena fuente…

La consecuencia inmediata: que los oyentes del rumor, si tienen sus ahorros en dicho banco, se planteen retirarlos. Imaginemos, por un momento, que un grupo considerable de personas decide hacerlo, en el caso de que el rumor logre difusión. Inmediatamente el banco o caja perjudicada perdería liquidez, que es de lo que va esta crisis, no podría hacer frente a sus pagos y se generaría una crisis similar a la del ‘corralito’ en Argentina cuyas consecuencias serían catastróficas.

Es como si, permítanme la exageración, un grupo de personas se ‘colaran’ en la Bolsa de Madrid y comenzaran a gritar “Telefónica [por poner un ejemplo] va a suspender pagos, vendo todo lo que tengo”. El rumor haría que cundiera el pánico y, siguiendo con el esquema, muchos otros decidirían hacer lo propio. Las acciones de Telefónica caerían en picado y, quién sabe cómo afectaría a la empresa y si, efectivamente, acabaría sumida en una grave crisis por culpa de un rumor.

O como cuando hace unos años, aún gobernando el Partido Popular, se dijo que el aceite iba a multiplicar su precio en poco tiempo. La consecuencia fue que la gente fue a los mercados a hacer acopio de aceite hasta agotar existencias y, por tanto, se acabó encareciendo el aceite.

No seamos idiotas. Estamos en crisis, todos lo notamos, es grave y, además, parece que va a durar. Pero que no cunda el pánico: los Gobiernos están intentando tranquilizar a los ciudadanos garantizando los ahorros. Y eso, digan lo que digan, es una señal de que no hay tanto que temer. Relajémonos, no creemos nosotros la crisis.

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