Dic 05 2008
La ‘información’ de sucesos vuelve con fuerza
Es muy común escuchar a los periodistas con experiencia decir que la información de sucesos y tribunales “bien hecha” es la esencia del periodismo. Además, España es un país bastante dado a los sucesos: los Urquijo, el caso de las niñas de Alcàsser, el secuestro de Olot, los asesinatos, presuntos o no, de Tony King, la reciente muerte de Mari Luz Cortés…
El peligro que tiene este tipo de información es evidente: es un material muy sensible que corre el peligro de acabar pervertido. Y es que en la afirmación con la que arrancaba hay dos palabras fundamentales: “bien hecha”. Porque cuando dejamos a un lado la prensa y nos metemos en el terreno audiovisual, por su particular condición más dado a espectacularizar la información, lo que es tragedia y dolor se convierte en morbo y, valga la repetición, espectáculo.
En la televisión actual hay de todo. Vaya por delante que no me gusta en absoluto este tipo de contenido, y mucho menos buscar audiencia a costa de las desgracias y los dramas. Pero sí he de reconocer que hay tipos y tipos de programa, así que propongo un breve repaso, de lo más salvable a lo más lamentable:
- Empezando por lo bueno está ‘Callejeros‘, el programa de Mediapro que explota Cuatro (al menos hasta que el fuego amigo lo permita) en el que se recorren los lugares más sórdidos del país para traerlos hasta nuestras pantallas. Para quien le guste este tipo de contenido debe ser un programa fantástico; en mi caso me limitaré a decir que es la forma menos agresiva de tratar según qué temas que he visto en este mundillo, lo cual se agradece.
- En la Cadena SER deben haber visto el éxito del programa y han habilitado un pequeño espacio en el contenedor de ‘
Protagonistas‘ ‘Hoy por hoy‘ para hablar de las ‘Historias de la mala vida‘, con pequeñas entrevistas comentadas a presos, atracadores, navajeros, asesinos y otros personajes dignos de pábulo mediático.
- Luego está la versión plagiada de ‘Callejeros‘, ‘Puntodoc‘, en Antena 3. Ante al fórmula del éxito, decidieron clonarla dándole unos toques de humor para desdramatizar (importante el papel de Pepón Nieto en este sentido). Además, ofrece un enfoque más costumbrista (imagables conversaciones machistas en mesas ‘improvisadas’ de amigos) y menos de la España profunda. Un programa más que prescindible.
- Mención aparte merece ‘Diario de‘, con la sempiterna Mercedes Milá, esta vez en Telecinco, que tan pronto vale para dar lecciones de periodismo desde el plató del “experimento sociológico” de ‘Gran Hermano‘ como para perseguir, cámara oculta en ristre, a los estafadores y canallas más variopintos del país. Partiendo de la base de que la cámara oculta me parece una práctica profesional execrable y continuando porque el tratamiento que se suele dar en este programa a los contenidos es bastante lamentable no puedo decir que sea un fiel seguidor.
- Dos programas más de la escuela del suceso espectacularizado han aparecido en pocos meses en nuestra parrilla, también en Telecinco. Se trata primero de ‘El puzzle blanco‘, un espacio pretendidamente pseudocientífico en el que tratan de reconstruir casos misteriosos para analizarlos. Como si fuera ‘CSI‘, pero con casos reales y sin actores. Junto a éste, ‘Rojo y negro‘, una copia mal actualizada de aquel ‘¿Quién sabe dónde?‘ que Paco Lobatón encumbró en Televisión Española. Morbo y mal gusto a manos llenas.
- Este particular viaje al infierno no podía terminar en otro lugar que en la sobremesa. Esos entrañables programas de televisión, magazines contenedor de horas de duración en la que cualquier cosa cabe: desde el cotilleo hasta la pretendida información seria pasando por los sucesos más escabrosos. El ejemplo palmario de toda esta combinación del antiperiodismo y la chabacanería profesional es, sin duda, ‘Está pasando‘, también de Telecinco, que tan pronto persigue a famosos como pone a un reportero en la puerta de la casa donde acaban de asesinar a cuchillazos a una pobre anciana.
Los programas de la España profunda han vuelto, algunos sin esa capa de polvo rural y vendettas brutales, pero la mayoría conservando ese olor a rancio de la televisión que vende personajes patéticos para que los más ignorantes se sientan menos desdichados con su existencia. Los polvos de ‘Esta noche cruzamos el Mississippi‘, con sus eternas tertulias sobre el caso de las niñas de Alcàsser que, años más tarde, intentó retomar el también deleznable ‘Crónicas marcianas‘, nos traen ahora estos lodos.













