Dic 10 2008
No a todo
El Partido Popular tiene, desde hace años, una compleja realidad delante. En sí es una unión de muchas inquietudes políticas que van desde el centro (en sus listas hay numerosísimos exmilitantes de UCD y CDS) hasta la derecha más escorada (como Jiménez Losantos). Esta configuración tiene una parte buena, que cuenta con una numerosa y sólida base electoral (incluso después del 11-M subió en 700.000 votos) pero varias malas: las peleas internas por el poder entre las diferentes sensibilidades y su dificultad para pactar con nadie.
En el lado contrario, el Partido Socialista representa mayoritariamente al centroizquierda nacional, pero no es el único partido: IU se lleva a los más escorados, lo que lima muchas asperezas dentro del partido de Ferraz y abre la posibilidad de ‘robar’ los votos al partido de Llamazares si la necesidad aprieta.
Harina de otro costal son los nacionalistas. Hay de ambos espectros ideológicos: a la izquierda ERC, BNG, Nafarroa Bai, el Bloc… y a la derecha opciones como PNV, CiU o CC. El problema: la propia ideología del Partido Popular, que se concibe a sí mismo como un partido de Estado que defiende la unidad nacional entre otras cosas, no le debería permitir pactar con nacionalistas. Si el PP quiere conseguir algo hoy por hoy debe hacerlo solo.
Pero una de las mayores incoherencias en las que incurre el PP es no acogerse a esta realidad. Da lo mismo si tiene que pactar con ERC para vetar los Presupuestos Generales y devolverlos al Congreso para que, una vez terminado el paripé, sean aprobados tal y como marca la ley. Da igual, decía, aunque sólo dos días antes demonizaran al partido porque uno de sus diputados clamó contra la Corona y acusara al PSOE de ser “cómplice” de los exabruptos de Joan Tardà.
¿Saben qué es lo que ha secundado el PP, grupo mayoritario en el Senado, al votar el veto de Esquerra? Ha votado rechazar los Presupuestos Generales del Estado porque no destinan suficientes fondos para desarrollar el Estatut de Cataluña al que, por cierto, también se opuso el PP.
Y es que da igual pactar con los nacionalistas cuando conviene. Durante el Gobierno de Aznar, el PNV fue un socio necesario, como también lo fue CiU, ambos nacionalistas. Ahora el PNV es un partido que guarda un silencio cómplice ante los asesinatos de ETA y su máximo representante, el lehendakari Ibarretxe, un hombre a procesar por reunirse con Otegi durante el proceso de paz.
Dio igual también votar contra los Presupuestos junto a CiU durante este año, como dio igual el año pasado hacerlo junto al PNV, o dio igual el año pasado presentar en solitario 1.053 enmiendas a la totalidad del texto. La cuestión es oponerse, como buen partido de la oposición. Pero, ¿es eso ser un partido de Estado?
La respuesta es no. Ser un partido de Estado implica gobernar, apoyar al Gobierno cuando se tenga que hacer y oponerse a él cuando se discrepe. Ser un partido de Estado es aportar soluciones y no sólo críticas. Ser un partido de Estado es ser coherente con sus ideas, no decir en unos lugares unas cosas y en otros otras. Ser un partido de Estado no es demonizar lo que vota la gente que no les vota a ellos.
En cualquier caso, ésta es sólo una contradicción más de un partido que dice muchas cosas pero que no tiene claro ni qué es. El mismo compañero de pancarta de UPN, que defendió una Navarra “foral y española” porque el PSOE y Nafarroa Bai, cómplices de ETA, estaban rompiendo España y dejando todo en manos de los radicales, el mismo que rompe con UPN porque no se opuso al Gobierno a todo, porque no le dijo “no” a todo. El PSOE, a diferencia del PP, permitió a UPN gobernar en minoría porque entendió, como partido de Estado, que era lo mejor que podía hacer, aunque muchos opináramos lo contrario.
Y es que el PSOE también tiene un buen número de contradicciones. Pero al menos es lo que dice ser, aunque a veces defiendan a la Corona incluso cuando ni el PP lo hace. Mientras, el PP sigue a lo suyo: hacer oposición al Gobierno haciendo oposición a toda lógica: aunque suponga que un partido liberal pida la intervención del Estado en el sector privado o que un partido que se dice a sí mismo de centro salte en tromba contra un alcalde que, de forma totalmente desafortunada y reprobable, insultó a los votantes de la derecha.
¿En qué quedamos, somos de centro o de derecha? ¿En qué quedamos, somos un partido de Estado o no? ¿En qué quedamos, los nacionalismos son malos o hay que apoyarse en ellos? ¿En qué quedamos, vale todo para hacer oposición?













