Cebrián, como Pedro J., tira de pirotecnia ante la crisis
Decía Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, que el cambio en su empresa iba a ser “el primer relanzamiento integral de una marca”, con “nuevos formatos multimedia, algunos muy innovadores”. Tanta palabrería se quedó en poca cosa. Ahora es Juan Luis Cebrián, consejero delegado del Grupo PRISA, el que anuncia que El País “se reinventa” para “refundarlo como empresa de producción de contenidos de calidad”.
Lo que esconden esas palabras es la respuesta que da PRISA a la actual situación de crisis, ante la que han intentado vender sin éxito Digital + y que les obliga a tomar medidas drásticas. El único cambio real al que se enfrenta el diario de referencia en nuestro país es la partición del periódico en tres empresas, una para periodistas (analógicos y digitales), otra para administración y otra para servicios. Lo demás, pura pirotecnia.
Bajo la decisión se esconde una voluntad integradora, pero sólo en lo editorial: el papel vuelve a absorber, una vez más, a lo digital. Los directivos de medios reaccionan así en nuestro país, aunque la tendencia en el extranjero sea la contraria. Primero ADN, luego El Mundo… ahora El País.
Antes de hacerse pública la decisión, que ahora están considerando los trabajadores y que, quién sabe, podría conducir a una nueva huelga como la vivida hace semanas, Cebrián la ha expuesto ante todos. No se le da mal pintar el panorama negro, como aquel “la prensa vive la peor crisis de su historia” de meses atrás.
La decisión tendrá dos consecuencias inmediatas:
- La integración de las redacciones digitales y analógicas de PRISA, al menos formalmente. Desaparece, por tanto, PRISACOM, empresa que se encargaba de los contenidos digitales del grupo y que estaba separada por kilómetros del resto de redacciones.
- Choques y despidos. Choques por las diferencias salariales enormes que se darán en una sola empresa (basta ver lo que cuestan los sueldos de El País papel) y despidos porque, por desgracia, casi todos los movimientos empresariales de este tipo, y más en un panorama de crisis, acaban cebándose con los de siempre.
Resulta curioso que Cebrián opte ahora por la integración y lo venda como progreso. No es progreso, sino abaratamiento de costes. No puede haber convicción de una integración por parte de un tecnófobo manifiesto capaz de comparar los blogs con los exhibicionistas porque “quien se abre una gabardina y enseña los genitales a los viandantes busca también una forma de comunicarse”, el mismo que decía que la prensa digital no es “tan respetable, fiable, creíble y rigurosa como lo es la prensa de papel”.
Junto con estas sandeces también dijo en su día que la prensa gratuita “no tiene nada que ver” con la “función en la socialización y en la creación de opinión pública” que, a su juicio, tiene la prensa de pago. Teniendo en cuenta que el diario más leído de la historia de este país es 20 minutos, habrá que esperar unos años para ver si Cebrián también acaba teniendo que regalar El País para que la gente lo lea más.



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