Feb 16
Israel, un gigante de cinco cabezas
Tzipi Livni, la candidata del Kadima, partido centrista actualmente en el Gobierno, ha conseguido ganar, pero no ha ganado. Para rizar más el rizo, sus compañeros de partido están contentos. Lo primero se explica diciendo que su formación ha sido la que más escaños ha conseguido en el Knesset, el parlamento hebreo, aunque no ha logrado cosechar una mayoría suficiente para gobernar; lo segundo se aclara si se tiene en cuenta que pocos días antes de las elecciones los sondeos les colocaban por detrás de la que finalmente ha sido la segunda fuerza más votada.
Un trabalenguas así sólo lo pueden entender en Israel, donde están acostumbrados al bloqueo político. De hecho, lo común es acudir a las urnas a votar antes de hora (ha sucedido ahora, en 2006, en 2003, en 1999…). Quizá por eso a ningún lugareño le inquieta la encrucijada política en la que se encuentra el país después de las elecciones celebradas durante la pasada semana.
Pero no todas las lecturas enrevesadas terminan ahí: mientras en la mayoría de países del mundo el bipartidismo es la norma, Israel puede presumir de tener a cinco fuerzas políticas repartiéndose los escaños, dos como las más votadas y otras tres como partidos bisagra; no obstante, salvo una pequeña excepción, todos esos partidos representan una única opción política conservadora con matices de nivel: los hay muy conservadores y los hay conservadores a secas.
De los 120 asientos de la Cámara hebrea, el Kadima sigue siendo la fuerza con más representación, algo impensable hace un par de semanas cuando los sondeos daban por sentado que Benjamín Netanyahu sería el vencedor y volvería a ocupar el puesto que tuvo durante una legislatura hace diez años. Ahora más que nunca se demuestra que el gesto de invadir Gaza (como el momento de retirarse horas antes de la toma de posesión de Obama) no fue casual: la imagen de firmeza dada por el Ejecutivo ha sido bien recibida por el electorado, que a última hora le ha dado más apoyos de los esperados.
Detrás, con 27 escaños, el derechista Likud, que consigue más del doble de lo que consiguió en las elecciones de 2006 cuando sufrieron una enorme sangría de votos tras la salida de algunos de sus principales miembros, precisamente para formar Kadima. La lectura es clara: tras tres años de recomposición el partido ha resurgido de sus cenizas. Como su propio nombre indica en su traducción, se han consolidado.
Les sigue como tercera fuerza política el ultraderechista Israel Beitenú que ha hecho historia al conseguir 15 asientos. Los tres partidos anteriores ganan, aunque nadie gane… pero, ¿quién pierde? Pierden los partidos de izquierdas, los que más implicación tuvieron en la creación del Estado de Israel: los laboristas se quedan con 13 asientos (tuvieron 19 durante la anterior legislatura), mientras que Meretz y los comunistas se quedan en tres asientos testimoniales por partido.





















