La tortuosa senda de Tailandia
Las brumas de la revuelta se disipan, una vez más, en Tailandia. Lo que debería ser una buena noticia es, en realidad, un toque de atención a la comunidad internacional: tras 18 años de democracia, las constantes revueltas que ha experimientado el país en los últimos tres años pone en peligro la estabilidad de un país situado en el corazón del sudeste asiático, la región económica emergente más importante del momento.
Desde que en 1991 se estableciera el actual sistema democrático se ha vivido un largo periodo de calma, aunque la actual situación recuerda a la vivida en los momentos previos a aquel último golpe militar en el país: las revueltas sociales de uno u otro signo se suceden vertiginosamente y, en consecuencia, los presidentes.
Tras la elección de Shinawatra en 2006 llegaron las primeras revueltas, que le obligaron a salir del país. En 2007 se celebraron nuevas elecciones, en las que ganó un miembro de su mismo partido, Sundaravej. De su mano, el expresidente volvió al país, lo que provocó en 2008 la ocupación de la sede gubernamental por parte de sus detractores y el consecuente decreto de Estado de Excepción. Finalmente la Justicia intervino para inhabilitar al entonces presidente a causa de su espacio televisivo.
Entonces llegó Wongsawat, familiar del depuesto mandatario, y el levantamiento del Estado de excepción… pero la calma sólo duró unos meses: se convocaron nuevas manifestaciones, que fueron violentamente reprimidas por el Ejército, causando dos muertos. Entonces las protestas se recrudecieron: los opositores bloquearon el país al ocupar sus principales aeropuertos y obligaron al Ejecutivo a abandonar Bangkok y refugiarse en Chiang Mai, su feudo electoral, al norte del país.
Entonces la historia se repitió, una vez más: Estado de excepción e intervención de la Justicia, esta vez para disolver el partido gubernamental bajo acusación de fraude electoral. Se designó a Chanweerakul, miembro del Ejecutivo pero no del partido, lo que los manifestantes interpretaron como una victoria… pero según la legislación tailandesa, el presidente debe ser miembro del Parlamento y Chanweerakul no lo era. De esta forma se designó a Vajjajiva, actual presidente… pero una vez más se ha repetido la historia: sus detractores -favorables al expresidente Shinawatra- toman las calles para protestar. El Ejército interviene, disuelve las protestas y reestablece la calma. ¿Hasta cuándo?
Texto originalmente publicado en la beta cerrada de lainformacion.com
30 de Abril de 2009 en 6:01 pm
Muy interesante. Me gustaría saber cómo informarme a diario de las noticias sobre Tailandia.
Un saludo