¿Y si lo de Irán no fuera como nos lo cuentan?



Vaya por delante que condeno cualquier forma de censura, que no me gusta que tras la dictadura del Sha se impusiera en Irán la dictadura de la teocracia del ayatolá, que exista un solo país en el mundo donde la mujer esté discriminada, donde existen ‘guardianes de la fe’ y milicias islámicas armadas, donde se silencia a los medios extranjeros, se impiden las manifestaciones y se utiliza Photoshop para exagerar apoyos al régimen. Pero algo huele raro en Irán.

Pese a que no soy un gran conocedor de la política del país, según sé los iraníes daban por hecha una victoria de Ahmadinejad. Sin embargo, apenas dos días antes de la celebración de las elecciones, los medios occidentales comenzaron a hablar de que quizá hubiera un cambio de gobierno, que quizá los reformistas tenían la oportunidad de llegar al poder… una oportunidad que, insisto, según sé, no existía.

Me pregunto si no seremos los medios occidentales los que hemos creado esa revolución, por otro lado tan saludable. Llevo días preguntándomelo y empiezo a leer análisis muy bien llevados que argumentan en paralelo a mi conspiranoia. Motivos no nos faltan: echar a los dirigentes integristas de una región estratégica, potencialmente desestabilizadora y con potencial nuclear es un plato de gusto. Y aún lo veo más claro cuando, al parecer, el Gobierno norteamericano pidió directamente a Twitter que mantuviera el hilo de comunicaciones con el país después de que Facebook, Google y otros lo cortaran a peteción del régimen.

Y es que las redes sociales en general, y Twitter en particular, se han convertido en la única forma de comunicación de los disidentes del país: cuentan qué pasa y se les explica cómo esquivar la censura.Vistas las formas de comunicación, no sería raro pensar que, efectivamente, el punto de vista occidental ha influido en el desarrollo de la situación. Si no existiera dicho cauce, los musulmanes radicales jamás se hubieran enterado de la publicación de las viñetas sobre Mahoma en un diario danés.

Si mi teoría fuera cierta la conspiración, al menos, tendría dos cosas positivas: que podría llegar una cierta apertura al país (aunque Musaví tampoco es un santo) y que las redes sociales empiezan a tener un peso propio a la hora de contar las cosas al margen de los medios de comunicación.