Sep 22
¿Tiene sentido presumir la inocencia de un asesino manifiesto?
Hoy ha quedado visto para sentencia el juicio contra el militar que confesó haber asesinado de una cuchillada al joven antifascista Carlos Palomino. La cuestión me plantea varias dudas, pero en especial una: siendo que el asesinato quedó grabado claramente en las imágenes que adjunto y habiendo el asesino reconocido su crimen… ¿debe un medio de comunicación hablar de “el asesino” o de “el presunto asesino”?
Esto lleva consigo más dudas: ¿Sólo se debe prescindir de la presunción de inocencia cuando un juez condena? ¿Cuando los hechos son tan evidentes (confesión y grabación) puede saltarse esa premisa o, por el contrario debe conservarse hasta que la autoridad competente determine lo contrario? Si se hace así presuponemos que las pruebas evidentes como la confesión y la grabación son manipulables, pero no así el juez, al que por ser la autoridad conferiríamos el poder de ser infalible, ¿no?
Como responsable de los contenidos del periódico opté esta mañana (y hace unos días) por no sacar el “presunto” a portada, algo que algún compañero no compartía conmigo. ¿Créis que hice bien, creéis que me equivoqué?
El resumen del caso
Por si alguno no conocéis la historia, el militar, Josué Estébanez de la Hija, iba en metro a su manifestación ultra cuando en una estación varias decenas de antifascistas, que iban a impedir dicha manifestación -convocada legalmente en un barrio obrero de Madrid- entraron al vagón. Josué ya tenía entonces la navaja en la mano, preparada. Cuando Carlos se le acercó y le provocó, éste, sin pensárselo, le clavó el puñal y le mató. Tuvo tiempo antes de huir de herir a otro joven por el camino.
Toda la secuencia quedó grabada en las cámaras de vídeo del metro. El indeseable se reconoció como responsable de la muerte de un adolescente y dijo que lo hizo “por miedo”.
Ante estos hechos me planteo:
- ¿Debe el sistema democrático respetar todas las ideologías en su seno, incluso aquellas que atentan directamente contra la propia democracia? Alemania, por ejemplo, tiene una legislación muy clara respecto a los partidos fascistas (que están ilegalizados) y los comunistas.
- ¿Debe, en caso de permitir las manifestaciones de estos individuos, tolerar que se lleven a cabo en barrios obreros, su principal caladero, pero también los más llenos de inmigrantes?
- ¿Qué lleva a dos chavales de apenas veinte años a estar dispuestos a partirse la cara y, más aún, a matarse, por defender ideologías que no tienen cabida de ninguna forma en nuestro sistema de vida?
Cosas que he escrito sobre la ultraderecha
- La ultraderecha en España
- El estadio, el refugio de los ultras
- La ultraderecha país a país: Alemania | Austria | Bélgica | Francia | Holanda | Italia | Israel | Reino Unido | Suiza






















Septiembre 22nd, 2009 a las 5:50 pm
No tengo ni idea de lo de la presunción de inocencia, lo que no creo es que sea un problema de ideologías, ni de barrios menos o más obreros, sino de chavales conflictivos con problemas que ven en un grupo de descerebrados su refugio donde sentirse importante.
Me da igual que se llamen fascistas, antifascistas, latin king, osos amorosos o defensores de las palomitas de colores. Lo que hay por encima es odio desmedido y complejo, mucho complejo. ¿Para esto? Educación, educación, y más educación, y no hablo de la que se aprende en un colegio.
Septiembre 22nd, 2009 a las 6:19 pm
Yo entiendo que presunto no lo podemos utilizar. ¿por qué? Porque los periodistas tienen que contar hechos veraces: ¿alguien puede poner en duda que lo mató?
Otra cosa es que cuando no esté probado hablemos de presunto. Pero es el colmo de la judialización del lenguaje que no podamos llamar asesino a este chico. No puedo llamar genocida a Pol Pot aunque no lo juzgaron? O dictador a Franco?
Sobre tus preguntas: no podemos ilegalizar a los que quieren atentar contra la democracia porque no es democrático. Solo podemos vigilar sus actividades con el estado de derecho: por lo tanto, si pensamos que son violentos(porque sus proclamas lo son) podemos vigilar sus manifestaciones con más policías que manifestantes (nada difícil) Y dejar que hagan el ridículo por ahí donde van.
Sobre la tercera pregunta me parece que no hay una única respuesta.
Septiembre 23rd, 2009 a las 12:15 am
Jurídicamente, aunque exista una grabación y haya confesiado, no se le puede llamar asesino hasta que haya una sentencia condenatoria que así lo declare, ya que (aunque este no es el caso) los hechos podrían ser calificados de homicidio y no de asesinato.
Periodísticamente, sería posible, pero te arriesgas a una demanda en caso de una sentencia absolutoria, ya que la supresión del “presunto” implica tomar claramente una posición determinada con respecto a los hechos. Para evitarlo siempre se podría hablar de “asesino confeso” o “procesado por el asesinato de”. Suena más pedante, pero no falta a la verdad ni jurídica ni periodísticamente.
En cuanto a si deben permitirse las ideologías que vayan en contra de la propia democracia, la grandeza de ésta es que, mientras esas ideologías respeten sus reglas (vienen dadas por la Constitución y el resto del Ordenamiento Jurídico) tienen todo el derecho a existir en su seno. Siguiendo ese mismo razonamiento -y siendo un poco demagógicos-, si España es una Monarquía Parlamentaria, habría que plantearse prohibir los partidos republicanos porque propugnan la supresión de la monarquía.
La respuesta a las otras dos preguntas se me antoja mucho más complicada.
Siento el rollo, pero a veces el jurista que llevo dentro le gana la partida al periodista.
Septiembre 24th, 2009 a las 10:44 am
Ley, ley, ley…
Como bien ha comentado Ruymán, hay que atenerse a la sentencia. Pues con esto, la pregunta sobre las manifestaciones cae del mismo lado. Todo lo que la LEY permita debe ser respetado. Podrá gustar más o menos, o incluso ser peligroso, pero en este gracioso Estado de Derecho es lo que hay.
Quizá como frustrado amante de la Sociología, me provoca más curiosidad el hecho de por qué dos jóvenes (jugadores de la PLAY y botelloneros…) son capaces de dejarse la vida por algo que, y esto es presuponer, apenas conocen.
Sin estar orgulloso de ello, cuanto apenas tenía 15 añitos mi inquieta e ignorante mente estaba muy cercana a esos postulados neofascistoides. Lo conocía, no, sabía que era, no, pero “molaba” ir con los tipos duros y creer que “luchabas” por una causa justa e igualitaria.
Lo malo es cuando estás tan engañado que TE CREES que darías la vida por esa causa.