Muere Soitu, nace un símbolo
Es curioso lo que pasa cuando muere alguien conocido. La gente habla. El común denominador es ensalzar al difunto, por discutible que fuera su moral: siempre se van los mejores, era buena gente, quería a su familia y este tipo de cosas. Pero siempre están los que se salen de la norma y aprovechan para hacer de advenedizos, como las típicas vecinas cotillas que, apostadas en el rellano de la escalera, esperan al cámara de turno que trabaja para ese programa de sucesos que ponen en la tele y que hoy cubre lo del muerto del quinto. “Yo ya sabía que iba a pasar, si se veía venir que no era muy normal”.
Hoy, 27 de octubre de 2009, Sindo Lafuente, ex director del que es el diario digital en español más leído del mundo, ha anunciado el cierre de Soitu.es, el proyecto en el que se embarcó con compañeros como Borja Echevarría o Raúl Rivero. A pesar de haber superado el millón de usuarios únicos en OJD en sus apenas dos años de vida, este producto que se autodefinía como “no mass media” no ha conseguido soportar la brutal crisis económica que se cierne con especial virulencia sobre las industrias del ladrillo, del automóvil y de los medios. Su ‘mecenas’, el BBVA, que justo hoy anunciaba unos beneficios de más de cuatro mil millones de euros, ha dicho que no soportaba más la inversión.
El difunto del que tratamos hoy era un joven. No sé si sano y fuerte, porque este tipo de muertes no se dan por accidente, y porque la anciana que antes os contaba ya me había dicho (a mí y a tantos otros) que algo pasaba “con los vecinos del bajo ese de Cochabamba, que no eran normales”. Efectivamente, Soitu no era normal. Ellos no informaban, explicaban. No cubrían lo que todos, sino que apostaban por otras cosas. Suplían carencias de recursos con imaginación y un uso acertado de recursos tecnológicos. Intentaban competir en un mercado donde se busca lo de siempre, resultados, haciendo algo completamente diferente. Y ya se sabe que es fácil morir joven si se vive peligrosamente.
En el patio de casa, cuando he bajado a comprar el pan, he oído a varios vecinos llorar. “Hay que salir a la calle”, decía uno. “Hay que ir a la Policía”, decía otro. Un tercero, callado, me ha comentado por lo bajo cuando se iba que, para él, “nos guste o no, cuando uno va por libre pasa lo que pasa: por bonito que sea hacer algo diferente, hay que tener resultados”. Vaya, que una empresa es una empresa. Más adelante, junto al ascensor, otro comparaba la muerte de este vecino con la de otro que falleció un año atrás. Ambos, el muerto de ahora y el de entonces, tenían parejas de mucho dinero e influencia, pero con bastante poca paciencia.
Sea como sea ya no está. La gente todavía no se lo explica. Muchos lloran, otros se esfuerzan por hacerlo. El entierro, dicen, es este miércoles por la tarde. Uno nota a los vecinos inquietos, asustados por tantas muertes en el barrio en tan poco tiempo. Quizá lloran por pena de verdad, por la cantidad de viudas que deja el difunto en tan mal momento. Otros, desgraciadamente, lloran porque toca. Hay quien dice que con su marcha nace un símbolo: el primer medio netamente digital que sucumbe a la crisis en la que para algunos tanto ha tenido que ver internet, al menos en los medios.
“Era un joven prometedor”. “Yo siempre iba a sus conciertos, siempre que tocaba”, decía la vecina de la puerta de al lado de mi casa. Todos le querían, pero él solo se mató.
Un abrazo bien fuerte a todos los compañeros que han hecho posible la existencia de este medio. Siempre es una pésima noticia para todos que cierre un medio de comunicación.



Pues ahora sí que no entiendo nada.
Creo que me falta mucho por entender de este mundo y de esta vida. Y parodiando las frases míticas:
“¿Por qué siempre mueren los buenos”?
[...] anterior post fue para comentaros que Soitu.es había muerto. Casi un mes después la noticia es bien distinta: en medio de esta crisis todavía hay brotes [...]