Nov 27
La guerra por ser el tercer partido político empieza ahora
En los últimos años hay un fenónemo que salta a la vista en las urnas y, por tanto, en el Congreso: la política nacional ha sufrido un fuerte proceso de bipolarización. Partido Socialista y Partido Popular consiguen entre ambos más de tres cuartas partes de los votos del país, con lo que el resto de fuerzas quedan reducidas a un papel testimonial con pequeños episodios de protagonismo a la hora de resolver votaciones ajustadas o salvar leyes cuando no existe mayoría suficiente, con las consecuentes compensaciones que se llevan.
Hasta las elecciones de, el tercer, cuarto y quinto partidos del país sumaban siempre una horquilla de entre 2,5 y 4 millones de votos, con una tercera fuerza parlamentaria que se llevaba entre millón y medio y dos millones de votos. La tendencia comenzó a revertirse en 2000, con la llegada del PP al poder y el derrumbe del PSOE, que propició una lluvia de votos para otras fuerzas, pero se amplió en los últimos dos comicios: en 2004 los tres partidos secundarios sumaron menos de dos millones de votos (el tercero sumó sólo 835.000) y en 2008 1,3 millones (el tercero sólo 779.000).
El bipartidismo es un hecho contra el que cuatro fuerzas luchan, dos de ellas desde una perspectiva nacionalista (CiU y PNV) y dos desde una óptica nacional (IU y UPyD); dos de ellos llegan en un momento ascendente y los otros dos están pendientes de una enorme renovación interna. De las diez elecciones generales que se han llevado a cabo en la historia democrática española, en la mitad de ellas la tercera fuerza política ha sido Convergència i Unió, por delante de Izquierda Unida.
La guerra de posicionamientos por llegar a las elecciones de 2012 en condiciones de convertirse en la tercera fuerza, el árbitro entre los dos grandes, acaba de empezar:
- Izquierda Unida. Sumido en una profunda crisis de resultados, la formación abre un proceso de refundación que algunos ya empezaron a pedir hace más de un año -como su histórico líder, Julio Anguita, que llegó a pronosticar la muerte de la formación-. De esa refundación se espera que salga una formación republicana y anticapitalista que quizá hasta cambie de nombre. El reto al que se enfrentan no es pequeño: han pasado de ser un actor importante a ser una fuerta minoritaria, integrada en el Grupo Mixto con un solo representante. Los últimos líderes del partido ya han dejado el camino libre para que lleguen nuevas ideas: Francisco Frutos abre la puerta a quienes se fueron y Gaspar Llamazares, directamente, se aparta.
- Unión Progreso y Democracia. El último invitado a la fiesta tiene la lección bien aprendida: en sus primeras elecciones generales logró un escaño (casi dos), en las europeas mejoró resultados y, según las estimaciones, aún crecerá más. Además, han logrado superar su primera crisis interna, a diferencia de Ciudadanos, un partido con el que guardaba muchas similitudes: en su I Congreso Nacional Rosa Díez ha sido reelegida con el 78% de los votos. Pero no todo han sido éxitos: ha habido deserciones, disidencias, críticos y bajas sensibles, como la de Mikel Buesa.
- Convergència i Unió. El ‘enemigo a batir’, la tercera fuerza política. El próximo mes de septiembre se enfrentará a sus segundas elecciones autonómicas como oposición, ante las que la formación se presenta con francas esperanzas de recuperar la Generalitat que el tripartito le arrebató hace ahora cinco años (justo los que lleva Artur Mas como presidente de la formación). En todos estos años, el ‘alter ego’ de la formación en Madrid, Josep Antoni Duran i Lleida, ha sabido contemporizar los apoyos al Gobierno con las críticas más duras (fundamentalmente en materia económica y con la Ley del Aborto).
- Partido Nacionalista Vasco. En el camino de la renovación hay una parada obligatoria para la formación vasca: tras salir de Ajuria Enea por primera vez desde la democracia, el ex lehendakari Juan José Ibarretxe anunció que dejaba la política. Tras su salida y el abandono hace años del moderado Josu Jon Imaz, con quien tanta sintonía tenía Zapatero, Íñigo Urkullu parece el señalado para guiar al partido en su nueva travesía en la oposición. En ese camino deberá decidir en qué línea se sitúa: si replantearse la ruptura de su alianza con Eusko Alkartasuna o sigue en solitario, si da más importancia a su raíz ideológica cristiana o sigue intentando llevarse réditos de apoyos inverosímiles al Gobierno, como el de la Ley del Aborto, y especialmente si se alinea con el nacionalismo radical de Batasuna, tal como pide el histórico y polémico Xabier Arzalluz, que ve como enemigos a Ares y Rubalcaba y como patriotas a Otegi y a otros miembros de Batasuna, o renuncia a la línea soberanista que tanta factura le ha pasado en los últimos años.
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Noviembre 30th, 2009 a las 6:45 pm
Un partido joven con ideas diferentes a la caspa del establishment político actual, con buenos resultados sin coaliciones absurdas (http://elecciones.mir.es/resultados2009/99PE/DPE99999TO.htm), que gestiona bien el crecimiento (¿cuándo fue la última vez que un medio de comunicación cubrió las renuncias que se suceden a diario en los dos grandes partidos?) con humildad pero con firmeza, va para arriba.