Zapatero, nominado



Las gafas de colores más famosas del Congreso han dado hoy una lección de política a diestra y siniestra. A diestra porque CiU ha tenido el sentido de Estado que al PP le ha faltado al abstenerse en su votación del tijeretazo, consciente como ha sido la formación catalana de que las medidas las reclamaban las instituciones europeas y económicas; a siniestra porque Duran ha puesto en el disparadero a Zapatero. Su intervención ha sido la más importante de toda la legislatura. La suya, no la del presidente, ni la del líder de la oposición.

Cuando tuve la ocasión de entrevistar a Duran i Lleida tras pasarme un día entero persiguiéndole hace ahora justo un año me llevé la impresión de que era un hombre serio, frío, cortante incluso; una imagen muy diferente a la de hombre tranquilo que transmite por televisión. En aquella conversación me dijo que no creía que hubiera elecciones anticipadas porque para ello debían darse dos condiciones: “por una parte, que el Gobierno las convoque, y no veo en este sentido ningún interés en hacerlo; por otra, que exista una mayoría alternativa que obligue a ello, que tampoco existe”. Ha pasado un año.

Por aquellas fechas el Partido Socialista perdía sus primeras votaciones en el Congreso tras cinco años de travesía en el desierto del PP. La alianza en Euskadi hizo que el PNV retirara sus apoyos al Gobierno y que Ramón Jáuregui, que por aquel entonces ultimaba su etapa como secretario general de los socialistas en el Congreso, viera un mundo sacar votación tras votación.

Hoy la situación ha cambiado radicalmente: el Ejecutivo se ha jugado esta mañana su legislatura al conseguir aprobar por un único voto dos votaciones, la que daba luz verde al tijeretazo y la que lo mantenía como Decreto Ley, lo que implica su inmediata puesta en marcha y sin posibilidad de modificaciones. La votación ha salido adelante con la oposición en bloque de PP y UPyD, como siempre, y de los partidos de izquierda, como casi siempre en estos últimos tiempos.

Qué profética suena ahora la carga de profundidad que soltó ante la grabadora: “Yo al partido de Rosa Díez no le veo ningún futuro especialmente rompedor”. No deja de sorprender que sea un líder nacionalista el político con mayor altura de miras de la actualidad, el único que aplica realmente una política de Estado. No es casual, por tanto, que Duran i Lleida sea uno de los políticos mejor valorados del panorama nacional según las oleadas del CIS y que, efectivamente, ensombrezca a todos, incluso a los dos grandes líderes.

La cosa ha cambiado en un año, sí, pero quizá no lo suficiente como para que otra cosa que dijo Duran aquel día haya variado: “si el presidente del Gobierno se sometiera a una cuestión de confianza, votaríamos en contra; pero también que quede claro que si el partido de la oposición presentara una moción de censura, como ésta conllevaría la presentación de un candidato, también votaríamos en contra. Es una posición de equilibrio: decir no a la confianza de Rodríguez Zapatero, pero también decir que no a la confianza vía moción de censura en un candidato alternativo como es Rajoy”.

Lo de hoy era una moción de censura sin candidato alternativo, y su opción has sido abstenerse, dejar con vida al presidente, pero dándole un ultimátum. En unos meses, tras el dictamen de las urnas catalanas, el presidente estará en manos de CiU y PNV, y quién sabe si la cabeza de Montilla puede ser la moneda de cambio de los Presupuestos Generales y, por tanto, de la legislatura completa.