Diez preguntas sobre la dispersión de presos de ETA



Hace cuatro meses que ETA puso punto y final a su sangrienta historia. Sigue existiendo, pero sin matar. Tras esa decisión hay muchos ‘siguientes pasos’ que dar, según las demandas de uno y otro lado. Desde el reconocimiento y petición de perdón a las víctimas, al reconocimiento y petición de perdón a ‘todas las víctimas’, sutil matiz en virtud al que la izquierda abertzale mete en el saco a sus caídos. Desde el desarme y la desaparición, al reconocimiento de un referéndum de autodeterminación. Desde la condena sin paliativos a ETA de forma expresa, al acercamiento de presos ‘políticos’ y su progresiva liberación.

Tan vasco y tan gráfico como el juego de la sogatira. Es un misterio saber si se darán todos esos pasos o alguno de ellos, y si se dan, cuándo de qué forma se hará. Pero si hay uno del que se ha empezado a hablar es el del acercamiento de presos.

¿Qué es la dispersión?

La dispersión de presos es una vieja técnica del Estado que contraviene la legislación en lo referente a que un recluso debe cumplir condena lo más cerca posible de su lugar de residencia. “Contraviene” no significa “incumple”, ya que hay algunos supuestos tales como el terrorismo -también el islamista- o el narcotráfico en los que la Justicia permite alejar geográficamente a los presos por motivos diversos.

¿Es posible reagrupar a los presos?

Complicado. Más allá de debates políticos irreconciliables, y de lo complicado que sería jurídica e infraestructuralmente movilizar a más de seiscientas personas, podría decirse que no hay espacio físico en Euskadi y Navarra para tantos presos. Según Instituciones Penitenciarias, hay cuatro cárceles en dicha zona: una en Basauri con 89 celdas (más 25 complementarias), la de Nanclares de Oca con 720 celdas (y 304 complementarias), la de San Sebastián con115 celdas (y 27 complementarias), y la de Navarra con 107 celdas (y 11 complementarias). En total, 1.031 celdas (más 367 complementarias). Si se habilitaran todas las celdas habría 1.398 para casi 700 presos de ETA. Es decir, la mitad del espacio lo ocuparían presos de ETA y la otra mitad tendrían que repartírselo el resto de presos.

¿Qué objetivo persigue?

En el caso de los etarras la dispersión se puso en marcha durante el primer ejecutivo socialista con la intención de debilitar el férreo entramado de la banda. El ‘frente de makos’, es decir, los ‘presos políticos’, son los héroes del entorno etarra, el pegamento ideológico que ha mantenido aglutinadas y pretas las filas.

¿Cómo se ha combatido contra la dispersión?

Fundamentalmente, con dos colectivos. Por una parte el Colectivo de Presos Vascos (EPPK), guardián de la lealtad de los presos etarras dentro de las cárceles. Por otra, colectivos de familiares de presos como Etxerat, que prestaban ayuda a las familias de los presos siempre que la lealtad fuera inquebrantable: la lógica perversa de la dispersión hacía imposible para muchas familias poder sufragarse visitar a los suyos a tantos kilómetros de distancia sin su apoyo.

Poca importancia se dio en este sentido al reciente nacimiento de Herrira, una plataforma de apoyo a los presos de ETA que se presentó con el objetivo de lograr el acercamiento y liberación de presos y huidos. Poca importancia porque, aunque ellos negaran que viniera a sustituir al EPPK o a Etxerat, supone un punto de re-inicio que marca un cambio por el simple hecho de no nacer instrumentalizado directamente por una ETA activa.

¿Cómo actuaba ETA dentro de las cárceles?

Conscientes de la necesidad de mantener la ortodoxia interna para evitar el triunfo de la dispersión, ETA puso en marcha todo un sistema de control para evitar ninguna debilidad entre los suyos. Abogados, correos y redes de apoyos a familiares se convirtieron en comisarios políticos de la banda, encargados de guardar la disciplina de los presos y evitar que nadie abandonara el barco en la soledad de su celda. Por eso las acciones llevadas a cabo por los presos siempre estaban tan bien coordinadas: plantes, huelgas de hambre y protestas en toda España, siempre a la vez y sin ninguna contestación interna. Y por eso el Estado comenzó a actuar contra el entorno de las cárceles.

¿Quién ha ganado con la dispersión?

Más el Estado que ETA. Con el paso de los años se ha conseguido que algunas decenas de presos abandonen ETA, aunque un número importante siga manteniendo su posición inamovible. La gran derrota es que, aunque a la mayoría de los presos se les presupone una posición contraria a una ETA activa, no se ha conseguido que lo expresen como tal. ETA, en cierto modo, también ha ganado. Ha conseguido mantener las filas pretas y ha sabido mostrar a los presos como héroes y a sus emisarios y abogados como víctimas del celo de la Justicia. Los que han perdido, sin duda, son las familias, que en muchos casos han pagado una condena similar a la de los suyos, empujadas a lanzarse a la carretera para cruzar el país. Nada que ver, en cualquier caso, con la condena de las otras familias, las de las víctimas, que no tienen carretera a la que lanzarse.

¿Cuál es la situación política actual?

El Gobierno vasco, con el lehendakari a la cabeza, ha pedido públicamente una flexibilización de la política penitenciaria. Traducido quiere decir que ha pedido el acercamiento de presos y ha planteado la amnistía de casos puntuales de presos enfermos. Esto no es nuevo, es algo que los gobiernos anteriores ya hicieron en momentos de negociación con la banda. Rajoy públicamente ha negado que vaya a estudiar ningún tipo de acuerdo, ni ahora ni en adelante, aunque Interior abre la puerta a ‘casos puntuales’, todo un avance después de pasos como ver en ETA “un problema político” y votar en contra de la ilegalización de Bildu y Amaiur, algo inimaginable en el PP hace poco tiempo.

¿Dónde están los presos ahora?

Según los listados que publican los colectivos de presos, hay 513 presos en España y otros 140 en Francia, además de otros cuatro en Portugal, Irlanda, Inglaterra y México. Del total de 657 presos, ocho están en Euskadi. A esos ocho habría que añadir las cuatro o cinco decenas de presos etarras de Nanclares de Oca, donde el Estado reúne a aquellos que han renunciado a ETA de forma pública e irrevocable y que, por tanto, ya no cuentan como ‘presos políticos’ para el entorno abertzale radical. Hay algunos presos que son susceptibles de no aparecer tampoco en esos listados oficiales, algunos de los que cumplen condena en la cárcel aragonesa de Zuera o en la asturiana de Villabona, ‘paradas’ a las que el Estado envía a algunos presos que han dado los primeros pasos para salir de ETA y que sirven de pruebas antes de mandarlos a Nanclares de Oca.

¿Qué armas tiene el Estado para facilitar la disidencia?

El Estado siempre ofrece a todos los presos los mismos beneficios penitenciarios, beneficios que los presos de ETA han rechazado tradicionalmente para no mostrar concesión alguna a Interior. La legislación antiterrorista es clara e impide liberar a presos antes de hora o recortar penas, pero sí existe un resquicio legal en el Código Penal: el artículo 100.2.

Es un artículo en virtud del cual se concede al Estado, siempre bajo aprobación del juez de vigilancia penitenciario, la posibilidad de ‘trocear’ y conceder a discreción los beneficios de un tercer grado a un peso en segundo grado. En otras palabras, permite conceder beneficios reservados a un preso en tercer grado a aquellos que, estando en segundo grado, muestren señales de renuncia a ETA. La ventaja de ese artículo es que es posible revocar dichos beneficios y que en ningún caso implica la necesidad de conceder el tercer grado íntegro.

¿Cómo se fía el Estado de que un preso salga de ETA?

La aplicación del artículo 100.2 y el acercamiento a la cárcel alavesa de Nanclares de Oca son los últimos pasos de un proceso larguísimo. En la cárcel se controlan correos e conversaciones, se redactan informes sobre hábitos y comportamiento, se somete a cada preso al control de los funcionarios de prisiones, de psicólogos y de miembros de la seguridad del Estado. Es un proceso de acompañamiento en el que se detecta cualquier posible fisura respecto a la ortodoxia etarra, momento en el que se inicia el trámite para intentar facilitar la salida del preso del entorno etarra. El ‘contrato’, una petición pública de perdón y arrepentimiento, y el firme deseo de querer dejar la banda terrorista.

Más información: En Territorio Bildu, de lainformacion.com