Todo por Europa, pero sin Europa


0

Europa ha fracasado como modelo económico. Fracasó cuando permitió a los países más ricos incumplir los pactos de estabilidad y que pretendan ahora crear los suyos propios. Fracasó cuando uno de sus miembros más pobres estuvo en apuros y plantearon expulsarle de la moneda única para sobrevivir.

Europa ha fracasado como modelo social. Fracasó cuando distinguió entre más y menos ciudadanos europeos al inventar moratorias para los vecinos del Este que protegieran puestos de trabajo que querían para los suyos. Fracasó cuando permitió que se retomara la moratoria una vez extinguida con el pretexto de volver a preservar sus puestos de trabajo.

Europa ha fracasado como modelo de cohesión. Fracasó cuando eliminó la industria de la periferia continental para que muriera toda competencia productiva respecto al corazón financiero, eliminando de paso cualquier posibilidad de recuperación en esos mismos países que hoy se dice de sacar del euro. Fracasó cuando, ante la crisis, los países ricos han vaciado de talento a los países pobres en lugar de haberse trabajado de una forma común para salir juntos de las dificultades.

Europa ha fracasado como unidad política. Fracasó cuando vio que sus normas se rechazaron y, al revender su fracaso, a punto estuvieron de volver a fracasar. Fracasó  al ver que sus sucesivas ampliaciones no han frenado la proliferación de nacionalismos emergentes, sea en los Balcanes, sea en países que apuestan por el populismo y el euroescepticismo, sea en regiones como Euskadi o Cataluña, donde el soberanismo político gana adeptos cada año que pasa.

Europa ha fracasado como modelo de gobierno. Fracasó cuando fue incapaz, en su reforma, de avanzar hacia un órgano supranacional verdaderamente capacitado para evitar que dos países gobiernen al resto. Fracasó cuando se desdibujó su esencia integradora y se esgrimieron motivos de unidad religiosa para bloquear la entrada de algunos candidatos y agilizar la de otros cuando había mucho más que eso.

Sólo en dos cosas ha triunfado Europa. Triunfó con la transición hacia una moneda única que durante años se fortaleció frente al dólar y que ha acabado siendo la horca de los países periféricos, incapaces de devaluar sus divisas para aligerar las cargas que tienen que soportar. Triunfó con la implantación del espacio Schengen, que posibilitó una unión arancelaria en lo económico, social, policial, legal y comercial que ha entrado en crisis cuando la inmigración se dibujó como una amenaza y cuando la posible protesta social se percibe como la enemiga.

Plantear dinamitar el euro para salir de la crisis con dos velocidades y suspender temporalmente Schengen para permitir que los dirigentes del BCE se reúnan en España sin peligro de protestas es la constatación del fracaso moral de Europa. Dejar de ser Europa para intentar seguir siendo Europa. Pero a ese fracaso moral se suman el económico, el social, el de cohesión, el político, el de gobierno. Luego llegan las elecciones europeas y la participación se desploma por debajo incluso de la abstención. Luego llegan los referéndums y pocos ejercitan su derecho a voto y, si lo hacen, no se respetan sus decisiones. Todo por Europa, pero sin Europa. Y Europa acabará por no ser nada, si es que aún es algo.