Uno de los gritos estrella de los movimientos sociales que desde el año pasado han comenzado a irrumpir en España ha sido el dirigido a los políticos: “No nos representan”. Más allá de la carga crítica con el sistema democrático de esas palabras, ¿qué tiene de real el lema? ¿Son de verdad los políticos una muestra representativa de lo que son los españoles de a pie?