Valencia ha sido una ciudad que tenía todo para estar en Champions y ha acabado con una esquizofrenia digna de estudio: o los forofos desaforados que identifican cualquier crítica con “los mesetarios que vienen a decirnos lo que hay que hacer” o los deprimidos que no ven ningún futuro en una plaza tan saqueada como endeudada. Y no. Qué puede hacer un lobby urbano por una ciudad como Valencia


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Puede que haga mucho que no visitas tu muro de Facebook… hasta el día de tu cumpleaños. Decenas de felicitaciones, casi todas ellas iguales (dos-cinco palabras y algún emoticono). Y siempre te toca devolver cada felicitación, ya sea con una breve frase (si eres de los esforzados) o con un ‘me gusta’ (si eres de los vagos). A la postre, una actualización en tu muro diciendo lo abrumador que ha sido recibir tantas felicitaciones de gente querida, desde no-sé-cuántos países y en no-sé-cuántos idiomas. Felicitar el cumpleaños ya no tiene sentido


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A veces no nos damos cuenta de lo repetitivos que podemos llegar a ser. Nos creemos muy únicos y especiales, pero a fin de cuentas hacemos todos más o menos lo mismo, nos guiamos por los mismos patrones y, en fin, buscamos afinidades en quienes son como nosotros: leemos medios que piensan de forma similar a nosotros, seguimos en redes sociales a quienes dicen cosas que no contravienen nuestros principios y, por lo general, somos indistinguibles de los demás cuando nos diluimos entre la marabunta del Metro. Y también pasa online: Internet y el encanto de lo predecible


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“Es un proceso vital. Llega un momento en que te replanteas lo que quieres hacer con tu vida. Un día te das cuenta de que vida sólo hay una, y que, si se puede, hay que hacer lo que uno ama”. Y lo que él amaba era contar cuentos. Así es como Nelson Calderón cuenta su peculiar ‘conversión’, aunque no sea tal: decidió dejar su próspera profesión para dedicarse a contar historias, aunque el cambio ya le iba por dentro. El arquitecto que dejó el sector en su mejor momento para dedicarse a contar cuentos


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Cuando en noviembre de 2016 los estadounidenses elijan a su líder número 45 el mundo se perderá a un emblema. No es que Barack Obama haya sido el mejor o el peor presidente, pero sí ha sido el que ha conseguido marcar un antes y un después en un mundo: el del marketing político. Siempre al más puro estilo norteamericano. Esa huella marketiniana se nota orquestando campañas políticas de esas que en otros países no quedarían tan bien como les quedan a ellos. El equipo de Obama se cachondea de los negacionistas del cambio climático


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Tras casi 40 años de democracia hemos vivido un buen montón de elecciones en nuestro país. Sin embargo, las cosas han cambiado en este tiempo, no sólo en lo político (que se lo digan al bipartidismo), sino también en la forma de contarlo. Y eso salta a la vista ahora que, tras un tiempo de cierta indolencia, al ciudadano le vuelve a importar e interesar la política. Por eso la forma de tratarla debe adaptarse. Aquí algunas buenas ideas periodísticas para seguir las elecciones


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El de la niña Siria es el último viral, uno más de esos mensajes que corre como la pólvora por las redes y que, de tanto en tanto, llega a dar su salto a los medios. Infección viral en los medios


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De ser algo ajeno a ellos a entenderlo como una herramienta. Los políticos aman Twitter como forma de expandir sus consignas, movilizar a los suyos o arrearle al adversario. Pero no siempre saben hacerlo bien. Una cosa es lo que los políticos quieren hacer con Twitter… y otra lo que de verdad consiguen. Galería de horrores políticos en Twitter


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Ahora que la opinión del usuario y su feedback se tienen tanto en cuenta, esa ‘experiencia de usuario’ se ha convertido en una compleja rama empresarial, con implicaciones variadas en el diseño, concepción y corrección de productos. Hasta tiene unas siglas en inglés para referirse a todo ello: UX. Es el arte de adelantarse a la dictadura del usuario


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La figura del portadista on line está amenazada, acorralada y acercándose a la extinción. Cuesta imaginar que algo tan nuevo como un oficio digital y tan específico como hacer portadas de medios on line esté al borde de la desaparición. Pero es así… o eso dicen los números. El portadista ha muerto, viva el portadista


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Las primeras fotografías del libro son de sus abuelos. Ambos murieron, junto a un tío, en la localidad antioqueña de San Carlos. Sucedió en 1960 y el motivo fue político: eran demasiado abiertos de mente para un entorno conservador. Aún faltaban siete años para que él, el menor de ocho hermanos, naciera. Pero su vida ya estaba condicionada entonces: por culpa de esos crímenes, la familia de Jesús Abad dejó su casa y emigró a Medellín. Es el testimonio fotográfico de la guerra colombiana


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Ni los medios compraban la historia porque no interesaba, ni algunos accedían a hablar conmigo por miedo o desconfianza, ni tampoco muchos de los lectores parecían contentos con que hablara con gente que pensaba diferente a ellos. Pero de eso va el periodismo. El reto de escribir una historia que no interesa a nadie


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Roger Wicker, senador de EE UU, fue el único que votó en contra de una resolución que hasta los negacionistas más recalcitrantes de su partido apoyaron. Conoce al único senador de EEUU que niega el cambio climático


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Encuestas electorales, cocina estadística, explicaciones contextuales de los datos, redes sociales y tendencias de búsqueda: nada sirve para saber a ciencia cierta qué pasará en este año electoral, pero cada chamán tiene su bola de cristal. Sondeos: el arte de predecir ¿lo impredecible?


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La victoria de Syriza en Grecia es en parte consecuencia de no pocos errores de las instituciones europeas y, a la vez, una buena oportunidad para enmendar el rumbo. Seis cosas que Europa debería hacerse mirar


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Siguen muriendo y siguen floreciendo proyectos comunicativos. La culpa no (sólo) es de internet, que hace a la vez de causa y consecuencia de la crisis. Parte del problema, que para renacer algunas cosas de la industria deben morirse primero. La reencarnación de los medios


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Ehsan Noursalehi es un joven ingeniero y diseñador estadounidense que lleva unos años trabajando con una idea en mente: cambiar la forma en que se crean productos para colectivos desfavorecidos y países pobres. La idea central es que el esquema con el que se produce es paternalista y, por tanto, fracasa: un producto con buena intención pero mal ejecutado está condenado al fracaso. Nadie quiere un diseño de mierda (tampoco los pobres)


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Hace unas semanas Stephen Hawking dio una charla en las Islas Canarias. Ni que decir tiene que se llenó el aforo, abrió los informativos y fue noticia de portada en varios medios, incluso con entrevistas exclusivas. Casi todos sabemos que Stephen Hawking es uno de los científicos más importantes de la actualidad, posiblemente de la historia. El problema es que casi nadie sabe explicar por qué. Es lo que pasa con los iconos pop: te dicen que molan pero no sabes por qué


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En política no hay mal mayor ahora mismo que la crisis y su larguísimo impacto. Y en la sociedad -particularmente la española- pocos principios homeopáticos tan funcionales como los deportes. Con cada victoria de su equipo, cada título de la selección, el ciudadano medio siente un poco de alivio, una sensación pasajera de que no todo es tan terrible, de que su país -en fin- es bueno en algo y se olvida por un momento, en una catártica pertenencia a un grupo, de que las cosas van mal. En ese sentido, Rajoy es el presidente adecuado para este momento ¿Por qué? Porque le gusta el deporte. Rajoy y la homeopatía del deporte


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Privatizarían escuelas y se las entregarían a los profesores. Culpan de la crisis a los bancos centrales. Critican a las personas enriquecidas gracias al dinero público. Dicen que el Estado debe retirarse para que la sociedad ocupe su lugar. Que las empresas públicas deberían venderse y repartirse sus acciones entre los ciudadanos. Que el Estado no debería intervenir en temas como el aborto, la libertad sexual o el mercado de las drogas. Que dan más miedo a los ricos que el mismísimo Pablo Iglesias. Son antisistema, sí, pero no de los que piensas. Son liberales. Y quieren el estado del bienestar, pero sin Estado


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