La victoria de Syriza en Grecia es en parte consecuencia de no pocos errores de las instituciones europeas y, a la vez, una buena oportunidad para enmendar el rumbo. Seis cosas que Europa debería hacerse mirar


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Siguen muriendo y siguen floreciendo proyectos comunicativos. La culpa no (sólo) es de internet, que hace a la vez de causa y consecuencia de la crisis. Parte del problema, que para renacer algunas cosas de la industria deben morirse primero. La reencarnación de los medios


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Ehsan Noursalehi es un joven ingeniero y diseñador estadounidense que lleva unos años trabajando con una idea en mente: cambiar la forma en que se crean productos para colectivos desfavorecidos y países pobres. La idea central es que el esquema con el que se produce es paternalista y, por tanto, fracasa: un producto con buena intención pero mal ejecutado está condenado al fracaso. Nadie quiere un diseño de mierda (tampoco los pobres)


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Hace unas semanas Stephen Hawking dio una charla en las Islas Canarias. Ni que decir tiene que se llenó el aforo, abrió los informativos y fue noticia de portada en varios medios, incluso con entrevistas exclusivas. Casi todos sabemos que Stephen Hawking es uno de los científicos más importantes de la actualidad, posiblemente de la historia. El problema es que casi nadie sabe explicar por qué. Es lo que pasa con los iconos pop: te dicen que molan pero no sabes por qué


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En política no hay mal mayor ahora mismo que la crisis y su larguísimo impacto. Y en la sociedad -particularmente la española- pocos principios homeopáticos tan funcionales como los deportes. Con cada victoria de su equipo, cada título de la selección, el ciudadano medio siente un poco de alivio, una sensación pasajera de que no todo es tan terrible, de que su país -en fin- es bueno en algo y se olvida por un momento, en una catártica pertenencia a un grupo, de que las cosas van mal. En ese sentido, Rajoy es el presidente adecuado para este momento ¿Por qué? Porque le gusta el deporte. Rajoy y la homeopatía del deporte


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Privatizarían escuelas y se las entregarían a los profesores. Culpan de la crisis a los bancos centrales. Critican a las personas enriquecidas gracias al dinero público. Dicen que el Estado debe retirarse para que la sociedad ocupe su lugar. Que las empresas públicas deberían venderse y repartirse sus acciones entre los ciudadanos. Que el Estado no debería intervenir en temas como el aborto, la libertad sexual o el mercado de las drogas. Que dan más miedo a los ricos que el mismísimo Pablo Iglesias. Son antisistema, sí, pero no de los que piensas. Son liberales. Y quieren el estado del bienestar, pero sin Estado


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Uno no esperaría encontrar un discurso político duro en la adaptación palomitera de una saga de ficción para adolescentes. Pero en ‘Los juegos del hambre’ hay política. Y mucha. Y aquí hay spoilers, así que cuidado. Orwell resucita en películas mainstream para adolescentes


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El Secretariado Gitano lanza una web informativa ficticia para llamar la atención acerca de cómo los medios mencionan el origen gitano como hecho negativo. En ella todos son payos. Payo Today, un toque de atención a cómo informamos sobre los gitanos


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Contribuyeron a resucitar una práctica agraria amenazada, empleando exclusivamente a mujeres mayores de 40 años y relanzando el patrimonio cultural y gastronómico de Valencia durante diez años. Hace unos meses el Ayuntamiento les retiró la licencia para vender horchata en la calle y se la dio a una empresa… de tapizado de coches. Esta es la historia de cómo una tapicería de coches llegó a vender horchata y mató una gran idea


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Hay una figura común en los cuentos infantiles: el lobo feroz. Es el Darth Vader de las fantasías de nuestra infancia, el malo por antonomasia, del que siempre hay que huir y al que siempre le espera un final terrible como pago por sus malas acciones: desde que le abran en canal, le metan piedras y lo tiren al río, hasta quemarse el culo al colarse en la chimenea de la casa de ladrillo del mayor de los tres cerditos. El lobo siempre sale escaldado, pero nos da un miedo irracional. Pues algo así pasa con el lobby (feroz)


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Después de la entrevista de Ana Pastor a Pablo Iglesias muchos se han puesto a opinar sobre la dureza de ella y la falta de concreción del otro. Por eso quizá fue una buena entrevista: porque dio que hablar. Aquí van diez ideas sobre cómo afrontar una entrevista


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“Menos McLuhan y más cartografía, Adobe, Java Script y CSS en las aulas”. Lo dice Samuel Granados, exjefe de infografía de La Nación en Argentina y actual senior graphics editor en The Washington Post. “Lo que más me jodía de la Facultad era que te formaban para ser redactor y punto, no veías más allá, y el periodismo tiene mil facetas, donde la infografía es una de ellas. Lo importante es lo que quieras contar, lo demás son lenguajes”. Lo dice Artur Galocha, otro expatriado. Desde principios de año está con su compañero Diego Quijano montando el equipo de infografía de Il Corriere dello Sport en Roma. Dos de un montón de expatriados voluntarios. Este es el retrato de la diáspora de los infografistas españoles


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Es más fácil que cambies de partido político que de equipo de fútbol. Pero, ¿debería ser así? Y si tú lo haces, ¿por qué nos parece mal que lo hagan los políticos? Estos son los camaleones de la política


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Decía Obélix eso de «están locos estos romanos». Locos no, pero un poco perjudicados sí. De hecho, eso de la conspiración política les encantaba. Lo malo es que no lo hacían de forma demasiado sana: entre conspiradores, pactos, herederos y cambios de régimen se pasaron a cepillo a no pocos líderes políticos. No sé si hay una forma ‘sana’ de montar una conjura, pero la de los romanos era la peor de todas: sangre y, eso sí, citas estupendas en latín que luego repetimos para hacernos los interesantes ¿Y qué tiene todo esto que ver con Podemos? Mucho. Lo que la Antigua Roma puede enseñarnos sobre Podemos


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En un sector en el que todo el ingreso depende de la publicidad, pocas cosas se hacen peor que contar la audiencia. Eso sí, siempre ganan todos… y la inversión nunca termina de llegar. Algo se estará haciendo mal ¿Y si contáramos la audiencia de otra forma?


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La pelea papel-web, el debate sobre integrar o no redacciones, los muros de pago y el branded content: un repaso por los bandazos del sector digital de los medios en su desenfrenada búsqueda de dinero para sobrevivir. Prensa digital: enséñame la pasta


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Si hay algo que define a los medios digitales ahora mismo es (además del crecimiento y la búsqueda de ingresos) la actualidad: la fiebre por ser los primeros en contar algo, que tan a menudo hace que se cometan graves errores, unida a la capilaridad de las redes sociales, ha acabado por cambiar en pocos años la manera en que se informa. Pero ahí queda un pequeño reducto, una aldea gala frente al Imperio Romano: un grupo de locos en varios proyectos que han decidido apostar por otro tipo de historias, largas, atemporales y reportajeadas. Long-form: la moda del periodismo para rolleros


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Uno, normalmente, empieza a desvestir a la gente con la mirada. Y con la mirada se desviste el stand del kiosko, donde decenas de coloridas revistas se exhiben con la esperanza de que alguien repare en ellas para llevarlas consigo. En ese cruel proceso de selección natural donde cada vez menos sobreviven la elección suele ir acompañada de un área de interés o una cabecera de referencia. Pero a veces la elección depende de otras cosas. A veces hay revistas que te devuelven la mirada, portadas que te dan un grito y te invitan a leerlas. A veces entras en las tiendas por el escaparate, y a las revistas por la portada. Y eso puede suponer la diferencia entre la lectura o la indiferencia y el olvido. Conoce al sibarita de las portadas


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Hubo un tiempo en que el éxito de un artículo se medía por los comentarios que generaba. A más comentarios, más lecturas. El índice era casi siempre sinónimo de éxito. Hoy, artículos con miles de lecturas tienen el contador de comentarios a cero. La forma de medir el éxito de un artículo ha cambiado, y la forma del lector de expresarse, también. La explicación de por qué eso es así es sencilla, pero la lección es terrible: tu opinión nunca fue importante.


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El voto del catedrático más brillante de la ciencia más compleja de nuestro país vale exactamente lo mismo que el de una ama de casa analfabeta adicta a la telebasura. Se llama democracia, y sirve precisamente para que lo que cuenten sean las personas y no los currículums. Pese a ello, los políticos no quieren ser princesas (del pueblo)


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